
Del mismo modo que empezamos un buen libro, nos mantiene atados a él hasta que se leemos la última página, la pasamos y tenemos que cerrar ese estupendo libro.
Vivimos a golpe de etapas, comenzamos una relación que se termina, estudiamos una carrera universitaria hasta terminarla, empezamos un trabajo que luego terminamos cambiando por otro, oímos una canción que se acaba, o creamos un blog con una motivaciones que cuando va transcurriendo el tiempo van cambiando o se terminan. En los últimos días he vivido el cierre, no sé si temporal o definitivo de varios blogs, lo que, por supuesto, me ha entristecido bastante, porque los vas convirtiendo en parte de tu vida, en referentes. En cambio, y tal y como he comenzado esta entrada, no hay nada definitivo, nuestra naturaleza es vivir ciclos que empiezan y terminan, y el mundo de la blogosfera no es diferente, cuando lo que te llevó a crear tu espacio fuera por escribir, hacer fotos, poner música, contar experiencias o cualquier otra motivación ya no te aporta nada, entonces es momento de dejarlo.
Lo cierto es que toda esta reflexión me ha llevado a plantearme, dada la baja intensidad de mis publicaciones durante todos estos meses, si sería el momento de que yo lo dejara también, pero después de pensarlo... Sé que no, aún no es el momento de que deje el rincón de Argemís huérfano, mi ciclo blogosférico (si se me permite la palabra) no ha concluído, aunque también sé que publicar al mismo ritmo que antes, me es imposible o visitar con la misma frecuencia que hace unos meses. Solamente me encuentro en una parte del ciclo en el que se va más lento.